El día de ayer, sábado 25 de Septiembre, se realizó una marcha multitudinaria en contra de la inmigración ilegal y masiva que existe, sobre todo en el norte extremo de nuestro país. Se han reportado múltiples casos de delincuencia, tráfico de drogas, drogadicción, problemas de salubridad, entre otros. En resumen, los espacios públicos están saturados y los servicios estatales y gubernamentales están colapsados, a eso hay que sumarle el drama de ser inmigrante ilegal, en estado de sobrevivencia al limite que viven familias enteras, niños y ancianos incluidos.
Distintos hechos y principalmente la incapacidad de este Gobierno obligaron a alrededor de cinco mil personas a salir a marchar, al son del que no llora no mama, nuestra sociedad ha entendido que para ser escuchado no bastan las buenas razones, se hace necesario hacerse sentir. Y así fue, con banderas chilenas, banderas de pueblos originarios tanto del norte como mapuches, banderas de Chile ennegrecidas, solo dejando ver las líneas que la demarcan y la figura de la estrella, símbolo del Chile despertó, y que en lo particular me evoca una idea de piratas ambulantes dispuestos a apoderarse de lo que, según estiman, les pertenece (o destruirlo sino lo logran). Al son de un compás imaginario marcharon hacia un punto que no tengo claro. Esta manifestación llamo la atención de los medios de comunicación, de esa manera desde las redes sociales hasta CNN cubrieron la noticia; apoyos más, apoyos menos, todo avanzaba de forma normal hasta que un grupo de sujetos no halló mejor forma de manifestar su enojo que quemando las pertenencia de unos inmigrantes que acampaban en una especie de cancha de baby fútbol, ardieron carpas, ropas, sabanas y hasta un coche, es decir, todas sus especies terminaron quemándose en una barricada formada para la ocasión, cual destino trágico de un viaje que comenzó con un pueblo entusiasta de su propia epopeya revolucionaria.
Me detengo en este punto porque me surgen algunas reflexiones sobre lo sucedido;
1. Sentido Común
Hasta Octubre del 2019 me parecía que Kast era una buena opción posible, hombre sensato, con ideas claras y coherente entre su decir y actuar. Más allá de algunas diferencias que pudiera tener, masticarlo me era posible y hasta estuve en una reunión con él, es un tipo sencillo, afable y educado, aún así nunca me sentí del todo cómodo, había "algo" que no me calzaba, pero entre mis andanzas anteriores y el hombre del sentido común me inclinaba más por este último porque me resultaba más coherente con la versión que hoy tengo de mi mismo.
Nunca estuve deacuerdo con los incidentes del Instituto Nacional, el cóctel de bombas molotov que habitualmente tuvo que soportar Carabineros no fue de mi agrado y mucho menos la falta de liderazgo de las autoridades, el faro de la nación se terminó consumiendo a si mismo y no pertenezco a la tropelía de gente que siente gozo por ello, pero eso dio pie para que los hechos se sucedieran hasta el salto al torniquete, el estallido social y miles de chilenos manifestando su parecer, el país se detuvo y cual rio caudaloso llevaba en su lecho las más variadas emociones contenidas por años; razones sobraban y así lo hicimos ver. De ahí para delante y de ahí para atrás, así se cuenta nuestra historia.
De todos los hechos surgen versiones diferentes, y algunas bastantes coherente con lo que sucedió en los hechos, no solo miles de chilenos estuvieron dispuestos a caminar muchos kilómetros a sus casas cuando todo estallo, también se incendiaron estaciones del metro más o menos a la misma hora y en lugares muy específicos, sigue siendo muy sospechoso que algunos supieran donde estaban los tableros eléctricos y con ello inutilizaran algunas estaciones por meses. Decir que hubo alguna especie de coordinación para generar caos y destrucción no es una teoría conspiranoica, es mucho más posible que decir que todo fue espontáneo.
Si fueron espontáneos los miles de cacerolazos, los bocinazos, las múltiples muestras de apoyo a las demandas que iban surgiendo a través de las redes sociales y medios de comunicación y sobre todo las razones que habíán. No pocas veces se vieron casos de suicidios de adultos mayores a causas de abandono o porque no tenían los recursos suficientes para sobrevivir. Salud, pensiones dignas, mejores salarios, calidad de vida fueron algunas de las demandas que más se escucharon, de manera inusitada adquirieron una energía que paralizó el país. A los pocos días se organizo la marcha más grande que he visto. Santiago se detuvo.
Y apareció Kast, el hombre del sentido común, cual francotirador experto comenzó a denunciar a aquellos que participaban de las barricadas, los saqueos, robos y cualquier acto que fuese insurrecto. Al principio me pareció bien, tampoco me gustan las barricadas y los saqueos, pero también veía a mis vecinos salir, tocar la cacerola, miles haciéndolo en edificios cercanos, especie de vigilias con vecinos que estaban ahí, tranquilos. En resumen, había de todo, por ejemplo, gente tranquila apoyando porque también le había tocado sufrir el sistema de salud o tenía miedo de la baja pensión que podía llegar a recibir y otros pensando que debían hacer todo lo posible para agudizar las contradicciones hasta que llegue la revolución. Fueron días muy convulsionados y Kast se fijo, principalmente, en actos de vandalismo y destrucción, al punto que para él y su gente lo que sucedió fue un Estallido delictual
2. Fanáticos
Del sentido común a francotirador rabioso, calculador y provocador, para él solo valieron (o fueron más importantes) los actos delictuales, las barridas y el terrorismo presunto. Y si, eso es cierto, son condenables, pero la realidad suele superar a la ficción y esta vez lo fue. Dijo Jesucristo; "hay de todo en la viña del señor". Lo mismo aquí. Más allá de quien tenga más o menos razón, lo cierto es que hay cosas por solucionar, acordar y mejorar, un país donde algunos adultos mayores se suicidan por falta de recursos tiene un (os) gran (des) problema(s). Y Kast sigue ahí simplificando las cosas entre los ciudadanos decentes y delincuentes, de manera maniquea juzga a unos y omite a otros, como si fuese solo un tema de hacer cumplir la ley. Por sus actos los conoceréis, así también se descubre a los fanáticos. Para ellos toda la realidad cabe simplificadamente.
3. Zurdos
Me acorde de todo esto ayer porque es exactamente lo que vi con Kast. Mientras miles y miles de manera sensata se manifestaron por un ya basta, otros en cambio lo reducen a barricadas, actos delictuales y saqueos, resolviendo el tema de las demandas con un tienen razón y lo solucionaremos reduciendo la grasa del Estado, combatiendo a la delincuencia y el terrorismo en La Araucanía, pero explicando poco y nada (o no querer hacerlo simplemente) el cómo nos vemos más adelante más allá de las mismas explicaciones que demostradamente nos quedaron cortas.
Apenas aparecieron las primeras imágenes de los enseres quemados en la improvisada barricada surgieron los miles de tuiteros condenando el acto, sentían vergüenza porque aparecía una que otra bandera chilena flameando junto al fuego y que de ninguna manera los interpretaba, otros indignados diciendo que era un acto inhumano, otros, por supuesto, que éramos una vergüenza a nivel mundial. Pese a la diversidad inicial de la marcha no faltaron los que acusaron de toda esta calamidad a los "patriotas" o "fachos". La marcha de más de cinco mil personas paso a ser una anécdota al lado de ese puñado de personas que tuvo la muy mala idea de quemar las pertenencias de esas personas en desgracia.
Así como Kast y sus adeptos se encargan de hacernos ver los actos de delincuencia, vandalismo, saqueos e insurrección, los de teclado rápido no dudan en decirnos que estos actos son inhumanos, que no existen los seres humanos ilegales y que todo esto es culpa de Piñera, mientras, algunos de ellos, siguen defendiendo al compañero obrero Maduro, alegan que existe el derecho humano de ser acogido y que debemos ser solidarios con aquellos que lo necesitan. No faltaron las fotos de aquellos que salieron con guaguas de color diciendo que ellos no están solos, demostrándonos su amor más incólume y sublime, ellos son los buenos, lo que está bien.
Nuevamente, miles de personas pasaron a segundo plano, los exaltados coparon la noticia, con sus altruistas y humanitarias razones nos volvieron a decir que es lo correcto, lo bueno y que el resto se las tiene que bancar, que hay que buscar una solución, no faltan palabras como diálogo, tratados internacionales y ONU, organizaciones de DDHH para que todo se vea y se sienta más florido.
Mientras tanto miles seguirán viendo como sus vidas se deterioran aún más, la inseguridad crece, sus vidas cambian drásticamente y ven reducidos sus espacios de convivencia porque los más organizados se van apoderando de los territorios y las autoridades poco y nada pueden hacer, o quieren hacer.
Próximo acto: zurdos justificando otro acto aberrante apelando a que en Iquique se quemaron las pertenencias de algunos inmigrantes.
4. Rabia
Iquique es por excelencia una ciudad en el que conviven personas de muchas nacionalidades, entre otros, porque fue Peruana y de peruanos, y porque ahí funciona la zona franca, lugar que sirve especialmente a Bolivianos y Peruanos, hace mucho tiempo que Iquique dejo de ser un lugar atractivo de compras para los que vivimos en Santiago o más al sur. Iquique es una ciudad pequeña pero bonita y tiene conciencia de si misma, por eso es atractiva, sin contar que cuenta con una costa que es de la mejores que existen en el país, no es de extrañar que quizás sea nuestra propia zona cantonesa. Peruanos, Bolivianos y Chinos conviven perfectamente en la zona. Por eso, es extraño lo que sucedió, porque no hay algo personal en contra el inmigrante, la zona depende de ellos abiertamente.
La inoperancia de este Gobierno, la indolencia de la clase política y la incapacidad de traducir soluciones en algo concreto (porque no están dispuestos a pagar los costos que eso puede implicar) llevaron a que un grupo de tontos hiciera lo que hizo, fueron tontos porque atentaron contra si mismos en último término; inhumanos y crueles. No desesperados, colapsados o angustiados. Su rabia también los consumió.
5. Valor
El motivo principal de este texto tiene que ver con este punto, porque mientras muchos encontraron aquello como un acto inhumano (de que es un acto detestable lo es), yo opinaba que, en términos prácticos, en realidad era un asunto de bastante menos valor, es decir, cuánto dinero cuesta reponer todo lo que fue quemado, seguro que si se reúne gente de buena voluntad -pensaba- no será difícil reunir el dinero para comprarles todo lo perdido e incluso de mejor calidad, entonces el daño material en realidad no fue tanto.
Pero aparte que decirlo es políticamente incorrecto también esta la otra dimensión, el daño moral y ahí si tenemos el problema, porque lo que duele no es el valor de lo que pierdes sino lo que significa emocional y personalmente, si ha eso le sumamos niños de por medio, el dolor es aún mayor. Con entender eso resulta suficiente para guardarme mis dudas o a lo menos aceptar mi incomodidad sobre este punto.
Pero no..., y fue tanto, que después de mucho tiempo de escribir en este blog sentí la necesidad de hacerlo. Hay un sentir generalizado en que la dimensión moral tiene un valor de vital importancia, de alguna manera demarca el limite de lo posible y lo imposible de aceptar, de lo correcto o incorrecto, todo lo que sea dentro de eso puede ser aceptado, todo lo que esta fuera, aún en estos tiempos, es prohibido y merece una sanción. La cultura de la cancelación opera en estos términos, y como dijo recientemente Johnny Depp, nadie esta a salvo (menos si tienes dos bolas que cuelgan entre tus piernas), solo basta saltarse ese límite imaginario.
Hoy es aceptable decir: lo que sucedió ayer es inaceptable fue acto inhumano, da lo mismo el valor de las cosas que tenía, no importa si reunimos el dinero y le compramos algo mejor y nuevo, lo que importa es el dolor, la ofensa y el agravio que sufrieron, fueron humillados, eso es lo único que importa realmente.
No sería aceptable decir: Lo que sucedió es lamentable, pero no importa tanto porque podemos juntar el dinero, comprar todo lo que se perdió y devolverlo en mejores condiciones, incluso nuevos. No somos quienes para juzgar este caso porque no vivimos esa desesperación, no nos sentimos tan abandonados y por último entendemos que aquellos que cometieron esos actos también son victimas de estas circunstancias.
Entiendo que estas afirmaciones pueden tener muchas discusiones e interpretaciones, porque cuando se ingresa a este campo se esta sujeto a muchas variables, experiencias y maneras de ver las cosas, pero en esta oportunidad me interesa detenerme en el valor de las cosas, valor en el sentido material y la correlación con el esfuerzo que debe haber para obtenerlo. Hay un desdén generalizado por lo material frente a lo emocional, lo que realmente duele es lo importa. Por ejemplo, da lo mismo quemar un paradero o saquear un negocio de una multinacional, porque "no fueron treinta pesos, fueron treinta años". Y así, se vale quemar o destruir cosas porque lo que más importa es lo que duele. El desdén hacia lo material y lo primordial a lo que se siente es algo muy frecuente hoy, es lo políticamente correcto. Por tanto, no es tan importante cuánto le cuesta el Estado reponer lo destruido, ni a las empresas (o sus aseguradoras) volver a hacer funcionar sus negocios, importa más el sentir de la victima que el esfuerzo que se hizo para obtener lo material. Por ejemplo; vale más el sentir de aquel que siente rabia porque el sistema de salud es precario y quema un basurero, que las decisiones de los tecnócratas y políticos de turno de ahorrar para momentos de crisis o coyunturas, y así poder tener recursos para volver a reponer el basurero quemado y ayudar con IFE(s) gracias a lo ahorrado; vale más decir y sentir que da lo mismo que quemen un local de un negocio grande porque están asegurados, que el esfuerzo que alguna vez hicieron los que crearon y forjaron el negocio, y como la cultura de la sospecha nos permea, seguramente algo hicieron (que no fue bueno) para tener lo que tienen, el esfuerzo no funciona como valor en si mismo, a lo más como sacrificio para obtener algo a cambio; vale más acusar de inhumanos y salvajes aquellos que queman pertenencia de inmigrantes ilegales que decirle a estos; tranquilos volveremos a reunir el valor de tus cosas para que vuelvas a empezar, no todos estamos indignados por las circunstancias, por el contrario, no somos esas victimas y les queremos ayudar
Aquí es donde quería llegar; Por qué? porque nos movemos para este lado y no ha otro, es decir, porque el esfuerzo como valor perdió validez frente al sentir, la emoción de lo que me sucede, la empatía. Lo que se me ocurre como respuesta quiero dejarlo escrito y eso me motivo ha hacer esto. El estado actual de las cosas no es casualidad, es decir, llegamos a este punto porque antes han habido muchos y muchas haciendo este trabajo, ¿Cuál? el ejercicio de pensar, reflexionar y trasmitirlo. Obvio, para eso existen las Universidades, las Academias, Centros de Pensamientos, Editoriales y un montón de esfuerzos relacionados para hacer algo con todo el acervo que hemos acumulado, por eso estamos donde estamos y tocamos las teclas que tocamos, lo que hoy puede ser políticamente correcto ayer seguramente no lo fue tanto y si lo es hoy es porque algunos lo hicieron posible.
Para explicarme mejor lo haré a través de una pequeña entrevista que hago conmigo mismo (distintos yo al modo Jungiano)